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Agua hervida en frecuencias de (-1)^n

(4 relatos en gradientes de intensidad – relato 2) Los diferentes e incontables empujes la mantenían en un ondular constante. A veces pasaba del punto al haz al punto al haz al punto al haz, iba y venía mansamente chocando contra otras materias y por momentos atravesando el espacio gelatinoso, acuoso, suave, húmedo, hiriendo los cuerpos que al igual que él o ella o élella, se suspendían en la misma acuosidad que creaban en el vaivén. Hasta que disparadas por la fuerza del calor que rompía sus uniones precarias en una loca vibración ya insostenible ascendían en una manada infinita, descendiendo singularmente y volviendo a ascender, recorriendo la superficie de la burbuja que la transporta y que explota en otra superficie indeterminada. Toda ella se sacudía en violentas salpicaduras calientes que salían volando y se cruzaban unas con otras, chocaban en medio del recorrido y volvían a sumergirse pero siendo ya no los mismos que partieron y ya no siendo. Y allá lejos, por el centro, algo s...

Tartamudear buscando respirar

Lo político entró por la caducidad, por una muchedumbre, por mi padre llevándome a algún lado donde discutían incomprensible. Ya tartamudeaba... la falta de aire ya estaba allí desde hacía mucho. Primero por el asma y después por la imposibilidad de la palabra. La palabra desterrada, la palabra borrada por aquello que no se puede decir. No puedo decir que el no poder decir general a fines de los 70', inicio de los 80', sea el mismo que borró, trancó, le puso una pared a mis palabras... pero el secreto seguramente no nos era ajeno, seguramente el miedo fuera un gran manto invisible que, aun sin buscar su envoltura, nos haya envuelto ingenuos, ignorantes, porque la tele nunca fue suficiente. Y mis palabras, esas pocas palabras que poseía orgullosamente, se agolparon en mi garganta, todas juntas aplastadas, y yo por fin callaba.

La policía, la gente, el Estado

Matute, el policía amigo del barrio en esa relación tensa, entre paternal, vigilante y amistosa, con los vagos que vivían en su callejón, Don Gato y sus secuaces. Mahoney y Tackleberry, los policías locos de Locademia de Policía. El primero un delincuente bueno, un estafador (los estafadores son buenos en el cine, casi siempre), que se redime con su alistamiento en las "fuerzas del orden". El segundo un gatillo fácil duro pero al mismo tiempo sensible y con buen ojo como para no meter la pata en el uso compulsivo de armas. Robocop y mi fascinación con el acero inoxidable provisto de armas inimaginables y un alma. Un alma que lloraba por su familia perdida al mismo tiempo que en una ráfaga de metralleta mataba a todos los malos, mientras los buenos quedaban milagrosamente a salvo (porque aquí todos creemos en Dios, sino no hay forma).

Espacio breve (de la galaxia al dedo anular)

(4 relatos en gradientes de intensidad - relato 1) Alcanzaría el lomo llano de tu luna y repasar los pliegues del lunar que te yergue sobre el suelo descolocado del soliloquio donde te encuentras esperando al cielo verde que ya no se encuentra bajo tus pies. En los infinitos encuentros que se despegan del surco bamboleante y lavado de trampas y excesos de sesos, decesos y recesos; alguna furis razón de primavera caerá sobre la cabeza tempranera, de esas que te seban un mate y vuelven a dormir a la luz del acolchado eléctrico. En medio de ese sortilegio absurdo que es un corazón ciego y lleno de cenizas insulsas se mueve lentamente y yendo hacia el fin del cauce y de las causas posibles, el anillo rectangular que atraviesa tu pecho y ya no te deja salir, ni entrar. Solo allí es que podemos o puedo - no se si puedo o podemos - ver, escuchar, sentir, la caída del sol.

1917

Cuando un hombre sale de la trinchera hacia el campo de batalla y comienza a correr en una línea paralela a las fosas, exponiéndose a los atropellos del pelotón que lo cruza en una loca y enceguecida carrera hacia una muerte casi segura... Solo cuando vemos esta acción poco menos que delirante, como tantas otras de "1917", es cuando uno se convence que ya no se trata de una película bélica. Incluso se intuye mucho antes. La guerra rodea un transitar de dos personajes que, aún inmersos en el campo de batalla, esta no aparece más que como una atmósfera impuesta para ir mucho más allá de un género cinematográfico. Es como la buena ciencia ficción, cuando se vuelve la atmósfera de algo más es cuando el género ya deja de importar. Se puede ver algo de esto en 2001, en su contracara rusa Solaris o en las novelas de Philip K. Dick.

Hacia el espacio de experimentación del desnudo - 3ra parte - Final

Mariel Anais - Javier Rey ¿Cómo disponer? Algunas tendencias para la gestación de un espacio, un mar de texturas invisibles. Desnudarse. Así desnuda, saliendo de la ducha, desvestida, me desnudo pensante y recuerdo ser cuerpo susurrante. Escucho esas voces que al recordar nombraron un nombre que se parecía al mío y al tuyo. Aquellos quienes que simplemente convocan y abren las puertas, la otra vez les ofrecimos té caliente y adentro…

Hacia el espacio de experimentación del desnudo - 2da parte

Mariel Anais, Javier Rey La potencia creativa del encuentro, el amor puro y las conexiones vibratiles El año comenzó con violencia. Río de Janeiro respiraba la intervención militar. Marielle aún no había sido asesinada, y sin embargo muchos nadies sí lo estaban siendo a cada momento en alguna callejuela anónima de favela. Volviendo a casa, un primero de enero de madrugada, nos cruzamos un hombre muerto en la calle, atropellado, juntaba latas. Mientras, dos millones de personas borrachas (ya no embriagadas), celebraban los fuegos artificiales de Copacabana con una hilera de cruceros con telón de fondo.