La policía, la gente, el Estado
Matute, el policía amigo del barrio en esa relación tensa, entre paternal, vigilante y amistosa, con los vagos que vivían en su callejón, Don Gato y sus secuaces. Mahoney y Tackleberry, los policías locos de Locademia de Policía. El primero un delincuente bueno, un estafador (los estafadores son buenos en el cine, casi siempre), que se redime con su alistamiento en las "fuerzas del orden". El segundo un gatillo fácil duro pero al mismo tiempo sensible y con buen ojo como para no meter la pata en el uso compulsivo de armas. Robocop y mi fascinación con el acero inoxidable provisto de armas inimaginables y un alma. Un alma que lloraba por su familia perdida al mismo tiempo que en una ráfaga de metralleta mataba a todos los malos, mientras los buenos quedaban milagrosamente a salvo (porque aquí todos creemos en Dios, sino no hay forma).