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Mostrando las entradas de febrero, 2020

Espacio breve (de la galaxia al dedo anular)

(4 relatos en gradientes de intensidad - relato 1) Alcanzaría el lomo llano de tu luna y repasar los pliegues del lunar que te yergue sobre el suelo descolocado del soliloquio donde te encuentras esperando al cielo verde que ya no se encuentra bajo tus pies. En los infinitos encuentros que se despegan del surco bamboleante y lavado de trampas y excesos de sesos, decesos y recesos; alguna furis razón de primavera caerá sobre la cabeza tempranera, de esas que te seban un mate y vuelven a dormir a la luz del acolchado eléctrico. En medio de ese sortilegio absurdo que es un corazón ciego y lleno de cenizas insulsas se mueve lentamente y yendo hacia el fin del cauce y de las causas posibles, el anillo rectangular que atraviesa tu pecho y ya no te deja salir, ni entrar. Solo allí es que podemos o puedo - no se si puedo o podemos - ver, escuchar, sentir, la caída del sol.

1917

Cuando un hombre sale de la trinchera hacia el campo de batalla y comienza a correr en una línea paralela a las fosas, exponiéndose a los atropellos del pelotón que lo cruza en una loca y enceguecida carrera hacia una muerte casi segura... Solo cuando vemos esta acción poco menos que delirante, como tantas otras de "1917", es cuando uno se convence que ya no se trata de una película bélica. Incluso se intuye mucho antes. La guerra rodea un transitar de dos personajes que, aún inmersos en el campo de batalla, esta no aparece más que como una atmósfera impuesta para ir mucho más allá de un género cinematográfico. Es como la buena ciencia ficción, cuando se vuelve la atmósfera de algo más es cuando el género ya deja de importar. Se puede ver algo de esto en 2001, en su contracara rusa Solaris o en las novelas de Philip K. Dick.