Cuerpo-vacío
En cuerpos pensamos, ¿podemos pensar en algo más? ¿Asociamos cuerpo a materia? ¿No es acaso algo más que materia? Y cuando pensamos en cuerpos pensamos en individualidades, vacío entre cuerpos, cuerpos solos, chocando, manejándose… ¿cómo llegamos a pensar así?En cuerpos pensaban Demócrito, Epicuro y Lucrecio. Cuerpos pequeños, imperceptibles, pesados, individuales, indivisibles (ya que si fueran divisibles habría cuerpos aún más pequeños) llamados átomos. ¿Y entre los átomos? Vacío. Si pensamos en cuerpos tan pequeños que no pueden ser más que ellos mismos su estructura y los pensamos en movimiento, esto solo se vuelve posible si entre ellos hay espacio que no contiene estos pequeños cuerpos. Pero siendo ellos los más pequeños posibles, si no están ellos mismos ocupando el espacio entre ellos, nada más lo puede ocupar. Entonces: vacío. El vacío fue necesario para Lucrecio, pues sin el vacío sus átomos no podían, a partir del movimiento en caída libre, adquirir inclinación. Inclinación caprichosa que permite la existencia de las cosas del mundo, desde los objetos más básicos hasta nosotros, los seres humanos, los espíritus y las almas. Solo por el vacío entre los átomos lo nuevo es concebible, la creación, lo impensado. Pues el clinamen es justamente lo impensable, así como los átomos son lo imperceptible.
Solo por el vacío entre los cuerpos lo nuevo es posible. Solo por el vacío entre los cuerpos lo nuevo es posible. Solo por el vacío entre los cuerpos lo nuevo es posible.
Parece que esta consigna se repitió miles de millones de veces a lo largo de los tiempos desde Lucrecio hasta nosotros.
Lo vimos en la escuela y el liceo: básicamente somos vacío, nuestros átomos son tan pequeños en comparación con el vacío entre ellos que podemos convenir que estamos constituidos de vacío.
Llega hasta la formación misma de la sociedad a partir de sus individuos en un doble movimiento: siendo individuos completos, individuales, indivisibles, sólo a partir del esfuerzo en la comunicación podemos sostener eso que llamamos sociedad. Aparece una especie de clinamen solidario, voluntario, un movimiento producto del esfuerzo individual de dos o más individuos que aún sabiéndose incomunicables (pues, ¿cuál es la sustancia que comunica en el vacío?) buscan aquello que saben que no corresponde más que a uno mismo. Todo lo que veo está en mi retina, todo lo que escucho está en mis oídos, todo lo que palpo está en mi piel. Como individuo individual nada sucede fuera de mí, tan solo el vacío. Sin embargo no sería únicamente la comunicación lo que sostiene la vida en sociedad sino justamente aquello que no buscamos comunicar y se pasa por desborde, movimiento involuntario y más individual que todo, capricho, clinamen. De esta manera clinamen pasa a ser el acto individual por excelencia, el capricho del individuo que choca contra los otros y conforma al mundo a través de una física natural, la ilusión de los fisiócratas.
Sujetos-objetos solos en el universo, seres-ahí, encuentros sin encuentros, insondables, sin acceso real a lo real del que somos parte, ciegos, sordos y mudos. Y a través de ese no encuentro parecería que algo sucede, le dicen arte, le dicen creación, le dicen ciencia, le dicen aquello insondable que surge entre los cuerpos, entre los sujetos, entre los individuos. Parecería una dulce resignación la del no encuentro. La del otro siempre Otro. Es también una política. En cierto modo, una política de la resignación.
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