Cuerpo-danza

Wallpaper-String-Theory-Digital-Colorfull-AbstractionVoyeur.

Me lleno la mirada de los cuerpos que toman distancia del suelo, que se pelean con la gravedad y se resisten en el aire, que caen y se aplastan, que se dejan atraer por la Tierra y acariciar por la atmósfera, que adquieren vibraciones locas de enormes frecuencias inconstantes, que expanden su cuerpo al espacio que lo rodea y lo contraen al punto sin dimensión, que se enlentecen hasta la inmovilidad, que insisten en la eterna repetición donde todo lo demás sucede, que no pueden dejar de mutar.

Me lleno la mirada de los encuentros, de los cruces y convergencias, de los roces y las distancias, de las fusiones y las fundiciones, de las divisiones y disociaciones, de los encadenamientos y los desprendimientos, de los nuevos cuerpos, de los nuevos espacios y los nuevos tiempos, de las transformaciones y permanencias, de la delicadeza y lo sutil, de la agresividad y lo grotesco.

Composiciones del mundo, de un mundo que transcurre en un mundo que transcurre en el primero. Mundos que se componen mutuamente, cuerpos que se componen mutuamente. Voyeur porque no solo observo, porque lleno la mirada, porque me alegra, me atrae, me mueve, me tira hacia los cuerpos, me ladea, me conecta con lo absurdo de un mundo que no hace más que construir sentidos, llena no solo la mirada, sino el cuerpo entero: de tensiones, alteraciones, aflojes, movimientos involuntarios, sonrisas, gestos sin códigos, pensamientos otros, corporales, que en principio no entienden nada y después ya no importa, que intuyen un mundo de muchas y muchos, de gases, sólidos, líquidos, materias etéreas, inertes, vivas o semi-vivas, que se mezclan, se inmiscuyen unas en otras, no se dejan en paz, porque no hay paz, porque no hay guerra, solo materias que se atraviesan, se funden, se separan, unas de otras, a otras, en otras.

Voyeur porque no puedo dejar de querer estar ahí, de mezclarme, de producir los movimientos y las detenciones, los quiebres y sinsentidos; no puedo dejar de querer estar ahí, observando, llenándome de los colores, los olores, los sonidos, las transformaciones, las líneas que componen la mirada, las músicas que componen una escucha. Voyeur porque es un lugar dentro de esa gran composición, ya no observador simplemente, ya no el ojo crítico de un arte que jamás comprenderé como parte de ese universo de órdenes y códigos. Y a veces me dejo llevar, sin mucho permiso, sin mucha espera, y es que cuando se espera no surge, surge cuando surge, cuando se siente que el cuerpo es un verdadero autómata movido por un controlador externo, cuando ya no decido, cuando ya no imagino qué es lo que haría, el cuerpo va, solo va y hace… ¡quién sabe lo que hace! Afectos, experimentos, sensaciones que no quieren más que suceder. Y sólo después, un después de…, un después después de algo que se atenúa, que se orienta hacia algo que podríamos llamar un sentido, un pensamiento, un decir sobre eso que en principio no tiene nada para decir. Solo después parece que tendría algo para decir.

La danza entonces es una soledad, una soledad habitada por millones de cuerpos que hacen a un cuerpo, aquel que es solo, que experimenta un hacerse solo habitado. Volvemos a los vacíos de Lucrecio y las vacuolas de soledad de Deleuze. La soledad del acontecimiento, donde lo intenso es en sí mismo, donde lo intenso produce un tiempo propio de lo intenso, y alrededor todo sucede mientras acá, en este centro indeterminado, todo se detiene y, al mismo tiempo, alrededor nada sucede mientras acá, en este centro indeterminado, aparece todo lo que hay porque no hay nada más que este centro. Es la insistencia, insistere: posicionarse interiormente, producir una interioridad a partir del posicionamiento ante lo exterior, un tiempo fuera del tiempo cronos. Cuerpo-tiempo. El cuerpo-danza es un cuerpo-tiempo. Todos los cuerpos lo son, sin embargo el cuerpo-danza lo comprende y lo lleva al extremo, al tiempo puro donde el espacio también se produce por las intensidades que lo habitan… al cuerpo, al tiempo, al medio, al cuerpo-medio.

En el danzar otro cuerpo surge, otro tiempo se abre. En el danzar otro cuerpo surge, otros espacios nos habitan.

Hace unos diez años, en una primera presentación desde la psicología, en un congreso de Madres de Plaza de Mayo, decíamos: imaginemos que tenemos un cubo, con sus caras, con sus aristas y su vértices. Comprendemos las miradas que lo producen de otros modos: de un costado es un cuadrado, desde un vértice vemos un pentágono. Pero no es de esto de lo que hablamos, no nos referimos a perspectivas de un real. Se trata del vértice que se abre, que se expande, que produce espacio, que de su interior surgen otros elementos, que sus aristas comienzan a desvanecerse y a ser el medio que las contenía, y a hacer del medio el cuerpo del que ese medio se suponía exterior. La pregunta que surgía era: ¿Cómo completar una observación si los ojos que la componen no paran de sumarse? Hoy podemos agregar: y en esa suma los ojos hacen y son el cuerpo de la observación, el cuerpo y el medio.

La danza como cuerpo-tiempo no para de producir nuevas espacialidades, insistencias, modos de vida, que lejos de las formas, se producen en relaciones puras y proponen, casi sin quererlo, otros mundos. De ahí que lo clínico componga el danzar, y que el cuerpo-danza se inmiscuya sin retorno en lo clínico.

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