Entre buitres, incomprensiones e ingenuidades: otra nota sobre Olavarría

Alguien más que dice y que dice y que dice... mmm... ¿con qué derecho? No estuve en Olavarría, no soy ricotero, no soy anti-ricotero, no trabajo en los medios, no soy un músico devenido conductor de TV con alguna vieja rencilla con el Indio, no tengo un motivo macro-político... ¿qué derecho tengo a decir algo sobre esto? Ahora, ¿alguien tiene o no el derecho ganado de decir algo sobre algo? ¿Hay alguien con un conocimiento superior respecto a algún hecho sobre el que se esté hablando?
Cuando me di cuenta que me metía en un callejón sin salida, comprendí que nadie dice o escribe o habla sobre nada, sino que lo hacen "a partir de", todos están produciendo algo que nada tiene que ver con lo sucedido, y entonces cambié la pregunta: ¿Tengo algo diferente que decir? Y ahí me alivié... No tengo ninguna verdad, porque nadie la tiene, y eso me hace escribir tranquilo porque no tengo intención de arengar, de fortalecer un discurso, de criticar desde lo establecido otro establecido o no... si hay algún tipo de repetición es esa, la que busca concientemente machacar para producir una verdad aun en disputa... y eso no me interesa, me parece pobre, mediocre, oportunista...
Y, ¿que tendrá que ver con la clínica? Aún no sé, ya veremos.
- Tenemos un cantante de una de las bandas de rock más importantes del cono sur, que siempre ha generado pasiones alternativas, en paralelo, al sistema en el que vivimos. El Indio Solari, una persona extraña, controversial, interesante, nunca completamente develado, y no siempre ni casi siempre y sí casi nunca, correcto. Alrededor de alguien así todo es posible y todo posible se vuelve real: es la persona más detestable y ruin del universo interestelar y también es un semi-Dios, o directamente Dios, y también un revolucionario verdadero, quien nunca se arrodilló ante nadie y también un oportunista que aun en su decadencia busca incrementar su ya elevada fortuna... y entre estos polos, poca gente que lo considera un ser humano, porque aun no lo sabemos, no nos deja saber si es o no un ser humano (es parte de su encanto, menos para Pettinato que dice conocerlo bien). Y más allá de todas las conjeturas, nos encontramos con un tipo y un grupo de gente que; por dinero, egomanía, ideología o tradición; continúan manteniéndose al margen de las industrias internacionales de la música, más allá de toda tentación, que las debe haber habido (no creo que las productoras multinacionales hayan escatimado esfuerzos en captar a un tipo que mueve 300.000 personas a donde vaya).
- Un sistema entero; contando grupos políticos, medios de comunicación y personas personales que por alguna extraña razón encarnan los lineamientos de los anteriores sin los beneficios que los anteriores suponen seguros y estos últimos suponen supuestos; que genera una llamativa alarma pública anunciando un desastre aun no ocurrido pero seguramente por ocurrir y forzando ante la no ocurrencia una ocurrencia ("Muertos e incidentes", "15 muertos en Olavarría", "Tragedia y basura"); que en lo personal me recuerdan los primeros Pilsen Rock, donde el comisario de Durazno le pedía por radio a la población que se mantuviera encerrada en sus casas porque íbamos una horda de energúmenos a romper toda la ciudad. E incluso después del festival, durante varios días, la prensa montevideana se encargaba de recoger todo incidente que pudiera oscurecer el maravilloso encuentro del primer Pilsen Rock en Durazno (incluso para los locales). Los motivos de tales declaraciones e invenciones son tan oscuros para mi como el origen humano del Indio Solari. Uno puede arriesgar ¿ingenuidad?, ¿funcionalidad al establishment?, ¿incomprensión?, ¿pura mala leche?... todo eso seguramente y más seguramente más. No excluyo la posibilidad de una mente perversa detrás de un escritorio pensando en los puntos de rating que le reportan un muerto por sobredosis si lo hacemos pasar por muerto por aplastamiento y que sorete el Indio que no paró el recital y retribuyó inmediatamente a la familia del muerto con 5 millones de dólares (dice Pettinato). Y se vuelve llamativa una técnica de endiosar al otro para después uno ser el valiente que dice "yo no le tengo miedo". Contribuyen al mito del semi-dios para después sobresalir de la masa de semi-periodistas diciendo "yo enfrento al semi-dios". Este sistema nada ingenuo, este sistema de la seguridad y del capital no pueden comprender nada más que una masa indiferenciada de carne humana fluyendo como ríos por las calles de Olavarría, donde si ponemos un micro-macro-scopio encontramos un tercer componente que olvidamos todo el tiempo y no podemos dejar de olvidar, porque ese tercer componente no es tercero sino infinito, con infinitos modos, elecciones, pasiones y estrategias de vida que muchos no comprendemos porque no sirve de ninguna manera comprenderlo. Y ahí está la cuestión, el verdadero peligro, entender que esa masa fluida de sangre que recorría las calles de Olavarría no era una masa y eso es peligroso. Así que no tenemos más remedio que ir al tercer punto (y si lo clínico está en algún lado es acá).
- Este tercer componente que se abre como un abanico de infinitas varillas para mostrarnos los colores de la misma vida. Porque la vida cuesta vida, y aunque la frase es completamente mercantilista, aun desde ese lugar es una de las mayores bellezas que estar vivo puede tener. Decía el cartel del monólogo de Pettinato "Vivir costó vidas", como si existiera la posibilidad que así no fuera y en verdad creemos que existe esa posibilidad desde la comodidad de nuestros sillones, camas, escritorios, barrios céntricos, shoppings centers, hoteles all inclusive, consumos responsables, familias establecidas y cogidas seguras. Entonces, la vida, así vivida cuesta muerte, la muerte de lo intenso, de la pasión, de la adrenalina, de la locura por la locura, la muerte de nuestros sueños, fantasías, aventuras, riesgos. Y ya no comprendemos nada. No comprendemos que si algo vale de una vida que empieza y termina en este planeta, es toda la intensidad que esa vida nos pueda aportar desde la cual producimos más y más vida. "Hombres de mundo" decía la Catalina, seres críticos, certeros, superiores, razonables, y también tristes, amargados, irritables, demacrados, amarillos, muertos... "Y aunque te inviten a su mesa no estarán de tu lado" complementa Fito, "y aunque lo juren y prometan no estarán de tu lado". Nosotros, los seguros, los muertos, los que conocemos la verdad desde el piso 20 de nuestra oficina, o desde el jardín florido de nuestra casa, jamás comprenderemos la heterogeneidad de la multitud más que como una masa amorfa de carne y sangre fluyendo por una avenida de Olavarría. Culpar al Indio o a los medios, es olvidarse de 300.000 personas que por distintas razones y de distintas maneras se juntaron en un lugar a vivir una experiencia única para cada uno... de riesgo para algunos, de disfrute para otros, de militancia para otros, y hasta religiosa para muchos. ¿Podemos suponer también acá ingenuidad? Quizás en algunos que participaron, pero así como la ingenuidad no puede explicar la mala leche de los medios, tampoco puede explicar la asistencia de 300.000 personas a un evento que ni me animaría a llamarlo simplemente espectáculo. Esta heterogeneidad deseante, estos movimientos múltiples que se sucedían dentro del recinto así como por las calles, con diferentes direcciones y lugares, con gente subida a los árboles guiando a los que estaban entre la multitud, con gente yendo por alguna razón en dirección contraria a la mayoría, personas que animaban un camino difícil para alivianar tensiones... todo eso y mucho más se puede ver en muchísimos videos en youtube... pero claro, si queremos ver una masa enloquecida que huye despavorida y se pisan unos a otros, entonces es lo que vamos a ver... porque lo que no comprendemos no lo comprendemos, porque aunque los invitemos a nuestra mesa no estaremos de su lado. Y esta cosa que se mueve en varias direcciones al mismo tiempo, y busca sus estrategias entre y en la multitud, es a lo que verdaderamente debemos temer, nosotros, los establecidos, los mediocráticos, los correctos, tenemos razones para temer a las estrategias inmanentes de una multitud que solo en pocas y privilegiadas ocasiones podemos apreciar. Y eso es algo mucho más grande que el Indio y Pettinato. Porque nos muestra que la vida no obedece razones, sino intensidades, y que con esas intensidades se promueven micro pero fundamentales transformaciones que nos dicen que aun hoy, aun en la desesperación y desilusión más absolutas, algo sigue siendo posible.
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