Tres cuerpos en desonancia

(Extracto de la presentación del libro Modos de Vida y Acontecimiento en la UFRJ, Río de Janeiro. Noviembre de 2016)

Para poder hablar de desonancia es necesario deshacer la idea de lo íntimo, como algo interior en oposición a lo exterior. Comprendiendo, junto con Clarissa Alcantara, que no hay superficie posible; solo agujeros y discontinuidades. Lo ext-imo, el adentro que se afuera, el afuera que se adentra... y eso podría ser vivir y escribir en desonancia.

Sin interior ni exterior totales, todo íntimo es extimo y así la desonacia no se describe... se escribe. Y así me gustaría mostrarles la desonancia -desonando-, extimarme, deshacer lo íntimo agujereándolo. Leerles, sin ahorro afectivo, una escrita del domingo en la noche. Escrita afectada por esta ciudad que no puede dejar los cuerpos en paz.

Río me produce cosas extremas, vaya a saber porqué (tampoco los motivos son interesantes). Jugando, se me ocurre que así como la pobreza se vuelve tan explícita ante tanta ostentación; los dolores se me hacen mucho más visibles, sensibles, ante tanta alegría.

Y así fue que surgió esta escritura que habla de desonancia en desonancia. Y de tres cuerpos, tres cuerpos extraños, extemporáneos, vibrando en frecuencias no resonantes, aunque composibles. Tres cuerpos que solo en desonancia pueden ser dichos y sentidos.

Un malestar incontenible, incontrolable, por momentos desfasaje rabioso del cuerpo con el mismo y, a la vez, otro cuerpo.
No estoy muerto, no estoy muerto, no estoy muerto.

Los muertos nos se angustian, los dedos no se les crispan,
la voz no enloquece, la huida no se efectúa.
En fin, nada de eso sucede a los muertos.
No estoy muerto, ya que todo eso sucede en mí.
Es lo que a veces me despierta esta ciudad.
Como ningún otro lugar, Río de Janeiro, la ciudad más alegre y feliz del mundo, me lleva a las más profundas e inexplicables tristezas.
Desfasaje de un cuerpo con el mismo y a la vez otro cuerpo.
Desfasaje de un cuerpo fibrilado en intensidades con un cuerpo moldeado en arcilla, huesos, nervios, carne, sangre.
Desfasaje insoportable, que me saca de mí si es que hoy, más que nunca, es posible algún tipo de "mi".
Un "mi" que se extiende y va ocupando cuerpos no propios, nunca propios. Fibras que no comprenden que no hay lugar propio ni siquiera en lo propio.
Y una masa que desespera por expandirse, por acompañar esa fibra y no lo logra. Y tampoco sabe que nunca lo logrará.
                                                                                    Río a veces duele.

Silencio, son las 2 am. Nunca Copacabana se sintió tan silenciosa. Todos duermen. Solo algunos coches se animan a cortar en dos la noche cada vez más oscura.
Silencio. Todo  duermen. Yo no. ¿Quién es Yo? Un cuerpo que con dificultad se articula con un marcador fino para trazar estas líneas sobre el papel.
Silencio. ¿Quién es Yo? En principio, el que no duerme. En principio, el que está solo. ¿Solo Yo está solo? La pregunta por ahora y para siempre carece de respuesta. ¿Qué puede decir Yo de los no-Yo?
Silencio. El que está solo siente el silencio y la dificultad de sostener el marcador, la quietud del mundo, la parálisis del cuerpo y la vibración enloquecida del corazón que parece no querer ocupar más el lugar que de modo tan efectivo ocupó hasta hoy.
Voy al baño. Silencio. Todos duermen.
Me encuentro en el espejo. Ahí está. El que no duerme. El que está solo. Está allí, frente a un cuerpo que tampoco duerme y que ya no está solo. Encuentra así la más extraña de las compañías: la de la imagen de un cuerpo que ya se suponía siendo dos -fibra intensa, molde masivo- y ahora es tres -cuerpo espejado. Tres cuerpos del mismo Javier -¿el mismo Javier?- y ninguno resonando, aunque sea un instante con el otro.
Silencio. Tres cuerpos. Levantan la mano con suavidad y la posan sobre el pecho. Se observan. Se sienten: el pecho, los dedos apoyados y por momentos presionando, desplazándose, los pelos del pecho suaves, reconocibles. La mano sin abandonar el contacto pasa al abdomen y describe círculos sobre él.
Por primera vez en la noche se reconoce el hambre.
Los rostros se encuentran, extraños.

Silencio
      Con el corazón enloquecido.
               Sin dormir.
                       Solo.
                            Con hambre.
                       Extraño.
                Desfasado.
            Solo.
          Solo.
       Sin dormir.
   Son hambre.
Triste.
     En la cama.
          En silencio.
                  Solo.
                       Triste.
                                                      Lloro.

* Foto: El problema de los tres cuerpos en un viaje a la Luna y la caotización del movimiento

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