Pensamiento espiralado

¿Cómo empezar? ¿Es posible un comienzo? Un verdadero comienzo. Siempre que creemos comenzar hay algunas cosas que ya llevamos con nosotros; los preconceptos, los prejuicios, el centro del pensamiento. En ese pliegue que es nuestro pensamiento, como un pliegue de sábana, donde descubrimos que nada es tan exterior como nuestra mayor intimidad, está lo impensable, en el centro del pensamiento.
Eso tan interior que lo sentimos totalmente exterior… entonces, ¿cómo comenzar? Se me ocurre rascar, escarbar… o mejor, desplegar la sábana, el pensamiento, ir tirando de a poquito para que aquello que damos por sentado y no pensado, se muestre… ¿será posible? Dicen, todo el mundo sabe, nadie puede negar que solo pensamos ante una fuerza exterior. Una violencia que nos fuerza a pensar… pero, lo demás, ¿no es pensamiento? También dicen que reconocer es pensar, la forma más pobre de nuestro pensamiento. Sin embargo hay todo un esfuerzo, toda una invención del otro en el reconocimiento (lo miro, busco, traigo recuerdos, los superpongo, dibujo al otro, no encaja, pero el dibujo está hecho, vuelvo a los recuerdos y… seguimos pensando). Claro que también podemos sentir una especie de reconocimiento automático: la vaca que ve verde y come. Entre estos polos (el reconocimiento automático y la violencia que fuerza a pensar) todos los grados de pensamiento posibles. Grados. Saliendo de toda dialéctica, el pensamiento como intensidad en sí misma. No tipos (inteligencia emocional, inteligencia racional, inteligencia creativa), categorías posteriores para estancar aquello que no puede ser más que diferencia. El pensamiento como intensidad de despliegue de esa sábana mal tendida. El reconocimiento atento (voy, vengo, busco, dibujo, encuentro, pregunto, dibujo, voy, vengo…) como el “ir tirando lento” de la sábana. Entonces es posible “rascar”, “tirar”. Tiremos.
Hay palabras y hay cosas. Mmm… La espiral tiene un centro que se descentra en todo momento. Hay palabras y hay cosas, hay palabras - cosas, hay palabras, hay cosas, palabras-cosas. ¿Materialismo puro? Quizás. Palabra-cosa-imagen. La voz, tren de ondas mecánicas que se trasladan a través de la materialidad del medio longitudinalmente hasta darse contra una fina pared que vibra en el choque, materializándolo en sonido, accionando un circuito perceptivo-afectivo con millones de descargas eléctricas instantáneas que después de cierto retardo vectoriza en un modo singular que llamaremos comprensión. Imágenes accionando sobre imágenes que accionan sobre otras imágenes… La imagen es cosa. Y la palabra es cosa, no hay palabras-cosas como si hubieran palabras no cosas. Y como toda cosa que acciona, que fuerza, que violenta, nos fuerza aunque sea mínimamente a pensar…
Pero si negamos nuestra división entre palabras y cosas, sentimos que aún hay sábana que tirar.
La división, la producción de la división tiene sus efectos. Todo el mundo sabe, nadie puede negar, que las reglas sintácticas y gramaticales, antes de ser indicadores de la buena forma, son marcadores de poder. Como las reglas APA. Sin embargo, algunos podemos pensar que también pueden ser producciones que impulsan otros efectos, potenciadoras de movimientos impensados, líneas de fugas, creadoras de otros modos de existencia-cosa-imagen. Pero todo el mundo sabe que sobre todo son marcadores de poder despóticos. Nadie rompe las reglas del lenguaje, mpfrfwfaspfmasp sfaspmfspafe fewfpmewpfssafafmi feifenfee fefe.ef.ef.ef..ff…..fefe e.. .. f.. q.. ., tre tvdddy que frutilla del rabo ronco sube tuda ameritacao y desloca et tupe r ware liegura , ere, erer … ¿Quién querría hacerlo intencionalmente? ¿Cómo se produce un quiebre intencional?
Cuando descubrimos algo, nos damos cuenta, es decir: lo inventamos, lo primero que tendemos es a querer transgredirlo, quebrarlo… ¿no nos olvidamos de algo? ¿Quizás de que no podemos quebrar la intención? La intención que surge de un razonamiento puro, de una línea lógica que, como todos sabemos, no podemos negar, tiene su correlato en el modo capitalista. Las primeras reglas sintácticas y gramaticales son las que rigen nuestro pensamiento. La vaca ve verde y come, el hombre ve cosas y razona. La forma más pobre del pensamiento, la del reconocimiento automático, es la más extendida en nuestro pequeño planeta y la más valorada. Señores respetables, con moño y un pizarrón, mostrando orgullosos como comen pasto… perdón, razonan. Y nosotros lo descubrimos, lo inventamos, y lo transgredimos con el mismo razonamiento: dfeihfeio efiopewhjfef efiohewiofhefewifjeioe fewfioewh eiofioewhf… ¿para? Para salir del despotismo del significante. ¿Salimos?
El susto saca el hipo, pero si se que me vienen a asustar no me asusta, ergo, el hipo no se va.
Nosotros no quebramos al mismo monumento que creamos sin sostener el mismo modo, la misma lógica con la que el monumento fue construido. Sujetos sujetados y subjetivados, y en aquella subjetivación, intrínseca a ella, la apertura al acontecimiento, que no puedo provocar sobre quien lo espera, pues ya no sería acontecimiento ni violencia. Entonces, si no hay quiebre del sentido, o de la intención… ¿hay acontecimiento? ¿es posible una violencia que fuerce a pensar? ¿Dónde, cómo? El centro del pensamiento, si quiebro el sentido con el mismo sentido que intento crear, hay impensables descentrados jugando que sostienen aquellas mismas lógicas… la violencia del pensamiento se escapa por algún lado y no logramos encontrarla.
Nos dijeron que como sujetos somos sujetados y también subjetivados… ¿cuándo uno y cuando lo otro? ¿Cuál va primero y cuál después? Dicen por ahí, y todo el mundo sabe, nadie lo puede negar, que la continuidad no existe, y que todo es discontinuidad. Una larga línea de segmentos agujereados. Y nosotros, cual continuidad, saltamos creyendo que corremos y que nunca levantamos los pies del suelo… Nosotros, seres sólidos y líquidos y hasta gaseosos, creemos que nunca levantamos los pies del suelo ni que nos hundimos en el barro de la tierra. Estructuras y articulaciones, racionalidad y modales, proyectos y planes. Tierra, suelo, plano, continuidad… También fantasías y sueños, tropiezos y caídas, goces y dolores, piñas y patadas, saltos al vacío. Agujeros, pozos, vuelos, discontinuidad, devenir. Mezclas necesarias a la invención. Sin la heterogeneidad de las materias continuas y discontinuas, la invención no sería posible. Sólo continuo: combinaciones de lo ya existente y… ¿será cierto que los dragones son solo reminiscencias de los dinosaurios? Sólo discontinuo: dame un plano, algo fijo donde establecer, aquietar el vértigo para que sea posible la invención. ¿Y no es ese sujeto sujetado y subjetivado acaso una invención mixtura de continuidades y discontinuidades? Canto polifónico y rizomático de estructuras y estados gaseosos, produciendo una sinfonía llamada sujeto: ritornelo o hablar con la boca llena. Dimensión del gas y más allá de él, del plasma, de la memoria, del tiempo puro. La apertura no racional a que otras materias no estructuradas se choquen contra un nosotros no claro, habilita el choque no esperado mientras nosotros seguimos tranquilos por las vías más estructuradas. Y allí entre unas y otras, surge lo nuevo, lo inventivo, la violencia que fuerza a pensar se parece más a un movimiento mínimo, que a un cachetazo histórico. En ese salto, en medio de… es donde la violencia no puede ser más que necesaria, para que la invención sea posible.
Volvemos a la pregunta: ¿hay un comienzo? ¿verdadero comienzo? Y a esta altura nos podemos preguntar para qué un comienzo verdadero. Si lo necesario es la vida, la potencia de crear, esto siempre sucede en medio de... Un comienzo verdadero no es un comienzo absoluto, sino un comienzo por lo ya comenzado, en medio, siempre por el medio.
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