Letras lucrecianas: Una física de las texturas


Por medio de las nubes vuela el rayo;
Con, ímpetu se arroja desprendido
Unas veces aquí, y acullá otras;
Y el rayo sin cesar hiere la tierra.
Y has de entender también, ínclito Memmio,
Que aun cuando en el vacío se dirijan
Perpendicularmente los principios
Hacia abajo, no obstante, se desvían
De línea recta en indeterminados
Tiempos y espacios, pero son tan leves
Estas declinaciones, que no deben
Apellidarse casi de este modo,
Pues si no declinaran los principios,
En el vacío, paralelamente,
Cayeran como gotas de la lluvia;
Si no tuvieran su reencuentro y choque,
Nada criara la naturaleza.
(Caro, 1969, p. 35)


Lucrecio escribe en el mismo ritmo que presenta su teoría de los átomos. Lucrecio entra en el torbellino, en la declinación, en el caos nube. “La teoría de los átomos engendra el ritmo y el ritmo del poema enuncia la teoría de los átomos” (Serres, 1994, p. 181).


Se pregunta Serres:


¿Por qué este texto de física es un poema, por qué Lucrecio, que lo escribe por primera vez en latín, lo escribe en verso? ¿De dónde procede esta música y que relación guarda con el caos-ruido-de-fondo, cómo se origina el ritmo a partir del caudal irreversible de la pendiente? (1994, p. 162).


Lucrecio quiere contarnos su física de las texturas, aplicando esta física al texto que la enuncia. Sus letras son átomos, que se estructuran de determinada manera en el caos para formar palabras. La analogía es casi perfecta: finitos tipos de átomos-finitos tipos de letras, infinitos átomos-infinitas letras, finitas combinaciones para constituir objetos-finitas combinaciones para constituir palabras, ambos constituyen estructuras en medio de espacios vacíos, el encadenamiento es contextual, las secuencias de ambos no son arbitrarias. Si los átomos producen, sin duda las letras también producen. Estas letras lucrecianas no están buscando describir o representar una teoría, sino expresarla, efectuarla desde la misma escritura (Serres, 1994, pp. 168–169).


El poema tiene los tiempos, las pausas, los ritmos, las velocidades, las frecuencias de la vida. El latín es una elección estética, porque sabe que la belleza es resonancia y la resonancia es producción, actualización de aquello que insiste. Nunca más claro que si no hacemos caso de los impulsos creadores y buscamos explicar claramente, lo que insiste nunca se actualiza, sino que queda recortado por el afán objetivante desapasionado.


El poema de Lucrecio es un torbellino al decir de Serres. Se enrolla sin cerrarse, muere y renace y expresa lo que enuncia (Serres, 1994, p. 165). Expresar, no es explicar ni describir, expresar es poner en acto esto mismo que digo. Expresar una risa no es explicarla, es reir. El texto tiene un modo que dispone a la declinación por medio del clinamen. Se mueve, se enrolla, se caotiza, se hace nube, busca las variaciones para que en uno de los recodos se desvíe y encuentre un nuevo modo, que produzca otro sentido. Busca el cambio de sentido a través de una declinación diferencial cuya propiedad habilitante es el clinamen. Clinamen no es desvío, sino algo mucho más interesante, la propiedad intrínseca al átomo por el cual se produce el desvío sin agente externo que lo impulse. A través del desvío se introduce el código y la memoria, y con ellos el tiempo. ¿Antes no había código? Cuando el flujo se uniformiza el código pierde sentido, solo el desvío lo actualiza generando una nueva vigencia del código (Serres, 1994, p. 172). El capitalismo actual está generando un efecto de este tipo. El flujo capital esta uniformizando al mundo, el código pierde sentido. El problema que se nos genera es que el desvío y el código que produce es rápidamente capturado por el capitalismo y lo uniformiza en flujo capital nuevamente.


El poema de Lucrecio es circular, cada modo dispone el siguiente. Comienza por un caos-nube hablando de los átomos y el vacío, de allí deriva hacia el caos-pendiente exponiendo la política, al hombre, el alma, el arte, etc. Llevando el modo del texto lentamente hacia otro caos-nube germen que de paso al recomienzo del ciclo (Serres, 1994, p. 164). Esta circularidad es necesaria, es lo que da existencia a lo expresado, es el ritornelo, como aquello que circula reteniendo la circulación.


El poema de Lucrecio tiene ritornelos, tiene tartamudeos, ritmos, resonancia. Podríamos decir, cambiando el sentido del tiempo cronológico, que Lucrecio fue el primer sucesor de Uexküll, al introducir la música como modo de producción de mundo. ¿Qué escritura es más cercana a la música que la poesía?


El sonido, la señal y la vibración. El ritmo y la música. La serie, la medida, la métrica. El tiempo, la aparición del tiempo con las cosas y las palabras. Lucrecio, ciertamente, escribe un poema Sobre la Naturaleza de las Cosas en su texto natural, en su escritura naturalizada. Nace con toda naturalidad del nacimiento de la vida, Afrodita placer emerge de las aguas innombrables del ruido y el caos antes de desmoronarse en la atomización de la peste (Serres, 1994, p. 182).


(Mini capítulo de la tesis de maestría "El acontecimiento en las prácticas psicológicas")

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