Disquisiciones nocturnas: ¿Qué psicología, qué clínica?
La semana, las diferentes actividades como estrellas en un cielo oscuro, el calor, el acolchado de invierno, los sentidos que se empiezan a construir como constelaciones inventadas al mismo tiempo que un futuro previsto... todas estas cosas que no me dejan conciliar el sueño y hacen que vuelva y revuelva y transvuelva todas las ideas viejas, nuevas, incipientes y sensaciones extrañas que aún no son ideas y, quién sabe, quizás nunca lo sean.La pregunta se me viene de mil formas y cada forma entrega su propia respuesta, nunca suficiente, nunca satisfactoria. Y quizás pueda resumirse (¡qué trampa el resumen! como si en él pudieran condensarse las otras 999 preguntas, sin reparar en su condición reduccionista si lo pensamos como tal, y productor de otros sentidos si lo volvemos la pregunta numero 1000) en ésta: ¿Qué clínica? (nótese que si bien aparece una crítica al resumen como en esencia condensatorio de una cantidad determinada de ideas, no lo desmantelo y continúo esta disquisición con la pregunta en calidad de resumen, produciendo automáticamente el reduccionismo temido. Esta es una moderna estrategia académica, que a través de diferentes vericuetos logra formular una crítica hacia un modo de producción en la misma lógica de ese modo de producción sin generar un desplazamiento posible, asegurando así la subsistencia en el medio que desarrollamos la crítica, al mismo tiempo que la crítica es absorbida por el mismo medio y alojada en las abarrotadas bases de datos científicas únicamente útiles a la circulación de flujos de capital académico. En definitiva, "combustible" para los participantes de la loca carrera universitaria. Un buen ejemplo de esto puede ser la tesis de maestría de quien escribe, aunque quien escribe siente que pudo realizar un desplazamiento en la misma producción, es muy probable que sea simplemente algún tipo de ilusión. En definitiva, por sí sola, esa producción no tiene un destino distinto a cualquier otra del universo universitario). ¿Es posible pensar el paréntesis anterior como independiente de la pregunta "¿Qué clínica?"? Aquí es donde la pregunta se vuelve productora de sus propios sentidos. Si la clínica que producimos la producimos desde esa lógica, ¿qué nos diferenciaría de los centros sectarios que generan su circulación económica interna a través de un complejo aparato conformado por espacios de análisis obligatorios, formaciones elitistas y rituales de integración, pertenencia e identidades profesionales homogéneas... y mucho dinero de por medio? ¿Que acá no hay dinero? Hay créditos que te dotan del poder mágico de la reputación, la recontratación, el aumento de grado y horas, etc. Como las cartas Magic o los juegos de rol, pero con heridas reales (¿Y cómo esto no me deja dormir?). Entonces la pregunta comienza a tomar otros sentidos. Pues ¿qué clínica puede surgir de estos medios, si no logra desmantelar las lógicas bajo la que se produce? ¿O nos comemos la pastilla de una clínica a-política, neutra, de no intervención? ¿O la de "hasta acá hago lo que me piden y de acá en adelante lo que quiero" delimitando fronteras inexistentes, pues la frontera es nuestro propio cuerpo que transita los diferentes territorios existenciales como moneda de cambio común?
Ahí queda esa dimensión... Si bien me preocupa. No tanto como para no dormir. Para eso se suma a otras variables nada despreciables.
Hace días que vengo pensando en la vida, la práctica, la potencia. Y este es el punto en que conecto con un comentario de Ana Hounie (que no se si venía para este lado, pero no importa, porque como toda traducción es una traición, aceptemos la calidad de traidores y hagamos con ello lo mejor que podamos), que decía algo así: que en una posible definición de práctica psicológica que despliego en la tesis donde la planteo en su posibilidad de transformar los mundos circundantes de los participantes a través de los contrapuntos compartidos, se vislumbra la posibilidad que el campo operativo, con esa concepción, se amplíe hacia cualquier encuentro que la vida nos habilite. En este sentido, siento decir, que nada de lo que suceda en lo que llamemos práctica psicológica, puede estar compartimentado respecto de los otros ámbitos en los que nos movemos. Que si bien lo que llamamos de práctica psicológica se caracteriza por determinada disposición relacional, el trasfondo de esa disposición entre "elementos" concretos, no la excluye del universo relacional de nuestra vida, y que por lo tanto, los modos de composición de los encuentros no deberían ser, "en esencia" (me gustaría ensayar aquí esta idea de esencia como una conjugación de la esencia inmanente de Spinoza con el Tono del Yo de Uexküll), contradictorios (al menos no en función de una utilidad de algún tipo). Pues, como la contradicción no existe en la vida, el elemento que hace posible que dos modos aparentemente contradictorios co-existan, reducirá la riqueza y heterogeneidad de la vida a este solo elemento. Esto produce la necesidad e ilusión de un doble cuestionamiento, que en realidad es uno y el mismo pues corresponde al cuestionamiento de los modos de funcionamiento de nuestro universo relacional. Pero parece que debiera haber un cuestionamiento hacia nuestros modos de vida "fuera del consultorio" y otro cuestionamiento hacia lo que hacemos "dentro del consultorio". Si lo queremos ver así, es un principio, pues cubriría el universo existencial. El problema es que sigue produciendo la idea de territorios excluyentes, no comunicantes.
La propuesta no es resolver nada en estas pocas palabras. Solo desplegar las causas de un leve insomnio que ya comienza a ceder. Mientras, hay algunos puntos aquí, que ponen a las prácticas psicológicas en un borde que pueden hacer explotar las fronteras de la docilidad capitalista, deshaciendo el adentro-afuera de la clínica y produciendo nuevos modos relacionales, sea donde sea.
[…] (La presente escrita continúa a la publicación anterior, a la que se puede acceder en el siguiente link: Disquisiciones nocturnas) […]
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