¿Qué es una línea, Jon Snow?

Muchas definiciones hay para la palabra: sucesión contínua de puntos, puede ser una; raya sobre un cuerpo cualquiera, puede ser otra menos abstracta; un vector que marca una tendencia, puede ser el sincretismo de un estado de cosas en movimiento.

Etcétera.

Una línea arrastra como un río. Una línea lleva consigo, en su empuje, una diversidad de materias que aglutina de tal o cual forma: una línea quebrada es nuestro cuerpo sentado: la línea de fuerza que le imprima el piso quiebra nuestro cuerpo en dos (horizontal - vertical), la línea de fuerza que le imprime una silla quiebra nuestro cuerpo en tres (vertical - horizontal - vertical).

Cuando en Game of Thrones el Gran Maestre de Castle Black le explica a Jon Snow por qué los hombres de la Guardia de la Noche no pueden enamorarse no hace más que hablarle de líneas. Le dice: “Si un día tuvieras que elegir entre tu honor y tu esposa o entre tu honor y tu hijo, ¿qué elegirías?”. Todo Guardia de la Noche debe priorizar el honor de su juramento: proteger el muro. Para eso hay que ser muy pragmático, no debe haber nada que perder. La línea del honor puede llegar a ser sumamente débil frente a otras.

Pero la línea a la que se enfrenta no es la del amor a una esposa o a un hijo. Ese amor es la forma, una de las tantas formas que puede cobrar una línea más elemental: la de la necesidad de optar. Optar conciente: esto o aquello. Optar inconsciente: una vida que nunca tenga que ver con el Castle Black.

Eliminar la posibilidad de elegir. El castillo es una frontera: de un lado el destierro por criminal, por violador, por huérfano, por bastardo: todo está definitivamente perdido, solo queda la muerte. Del otro lado los mayores terrores, los salvajes, los White Walkers, el invierno atroz.

Se cambian las dos muertes concretas por la muerte diferida. Ni siquiera en la ropa queda libertad de elegir: los cuervos son cuervos por vestir de negro, pero sobre todo, por alimentarse de la muerte. Solo la muerte a uno y otro lado del muro mantiene a los cuervos en el Castle Black. Digamos que a los cuervos sólo los produce una línea: el honor. Cuando en la vida de los cuervos aparecen otras líneas, tienden a confundirse.

No hay colores, no hay mujeres, no hay hijos, no hay padres, no hay riquezas, no hay ambición, en definitiva, no hay más posibilidad de desear que no sea desear el honor: único modo de alcanzar el amor (admiración, respeto, camaradería, únicas formas posibles del mismo).

Solo negro y blanco: cuanto más negro más vivo, cuanto más blanco más muerto. La nieve o la capa, los cuervos o los White walkers. El muro es la frontera radical de la vida, una metáfora radical. La dicotomía última del ser: vida o muerte, pero una alimentándose de la otra. Los vivos son el alimento de los White walkers, la muerte es el alimento de los vivos.

Entonces una línea es lo distinguible de una fuerza que mueve los cuerpos. En este ejemplo de Game of Thrones es muy fácil. La distinción es casi dialéctica: el honor contra todo aquello que pueda imponerse. La estrategia es eliminar todo lo que pueda cuestionarlo, hacérsela más fácil al honor: blanco o negro, morir o vivir.

Por eso Ygritte tiene que ser pelirroja, porque rompe la dicotomía. Rompe con el blanco y con el negro, porque la puede matar y no la mata, porque la puede amar y no la ama. Jon Snow decide no matar y decide no amar. El rojo de Ygritte rompe todo, deshace la dicotomía que compone a Jon Snow. Ese rojo es muy intenso, demasiado: huye. E Ygritte le lanza tres flechas, pequeña metáfora de las tres líneas que conforman a Snow: el blanco, el negro y el rojo. La síntesis de esas flechas es la frase que Ygritte le lanza incesantemente a Jon Snow: “You know nothing, Jon Snow”. Ygritte desnuda una línea que envuelve a Jon Snow: su confusión, su carácter de bastardo, de impureza, de mezcla: honor y amor.

Es justamente lo que Jon Snow no sabe y que por tanto no puede dominar: que el blanco, el negro y el rojo no pueden convivir. Es lo mismo que le advirtió el Gran Maestre. Jon Snow quiere todo: honor, amor y vida. Finalmente uno siempre se impondrá y eso es lo que Snow no entiende.

pareja (382x640)En Gurvich, es mucho más complejo. Es menos frontera y es más “concrescencia nebulosa” (diría Horacio para definir a la Maga). Las líneas se multiplican infinitamente. Ingresan y salen del cuerpo: biopsia Gurvich. Biopsia, los cuerpos vivos abiertos no muestran órganos sino líneas, fuerzas que los componen, que pasan de uno a otro. No es el tejido esquelético el que inclina el cuello de una de las figuras ni las piernas de la otra, son fuerzas.

“Pareja cósmica” es el nombre del cuadro y es un nombre perfecto: todo el cosmos posible de ser pintado compone a esa pareja. El organismo viene después, cuando la silla o el piso quiebran nuestra línea corporal y nos crean las piernas, las flexiones, la espalda, nuestra respiración, que cambia con la postura del cuerpo (Jesús no muere por estar clavado a la cruz, Jesús muere porque no tiene apoyo, por eso busca desesperado apoyar un pie sobre el otro, para que esa fuerza evite que su propio esternón lo aplaste: a Jesús no lo clavan en una cruz para matarlo, le quitan la fuerza del piso que sostiene el cuerpo).

El organismo viene después, cuando las líneas lo han recortado, lo han moldeado, cuando lo han vuelto cuervo: capaz de morir por honor, capaz de matar por honor. Incapaz de amar, pues si ama deja de ser cuervo: vestir el negro, jamás el rojo o el blanco del otro lado del muro.

¿Cuáles son las líneas, nuestras líneas, y cómo entran en composición para producir esa forma singular que cada uno es? ¿en qué líneas estamos envueltos como ropaje? ¿qué líneas nos atraviesan como flechas? ¿qué líneas nos llevan como un río? ¿qué líneas nos sedimentan como cimientos? son preguntas clínicas.

Comentarios