Breaking bad: el deseo.

Nunca ha faltado nada. ¿Cómo puede faltar algo? Otra dimensión del “engaño”: ¿qué te falta? ¿cómo puedo completarte? Nada sabe el deseo de la falta, de lo que no hay. Solo hay deseo.

No hay represión del deseo. Nada de negatividad, nada de dialéctica de fuerzas contrapuestas. Todo lo contrario, exceso de positividad deseante. A la clínica llegan fuerzas extrañas, es decir, cuando a las fuerzas conocidas (los deseos sabidos) se suman fuerzas que nos agitan extrañamente. Composición de fuerzas somos.

Composición en equilibrio meta-estable diría Simondon. Un equilibrio en estado de estabilidad es una pelota en el valle de dos curvas ascendentes, por más fuerza que se ejerza sobre la misma, siempre volverá a su posición primera: Ser = esencia. Un equilibrio meta-estable es la misma pelota pero en la cima de la curva, de cara al descenso: cualquier fuerza, por mínima que sea, la lanzará en una caída vertiginosa: Ser = devenir. La pelota rueda sin freno posible por una pendiente siempre terrible: vibración ajena, no reconocible, preocupación que deviene ocupación. Ocupación del cuerpo como una pregunta, un ejército ocupando un territorio. La paz de un profesor de química rota por una enfermedad.

Hay un momento en Breaking bad donde Walter White decide seguir adelante con la producción y venta de metanfetaminas: el paso de Walter White a Heisenberg.

Breaking bad brevemente: Un profesor de química de unos 50 años, casado, con un hijo y otro por venir, se entera que tiene cáncer de pulmón y debe enfrentar un duro y económicamente costoso tratamiento, línea desesperante: enfermedad; línea macho-desesperante: mantener a la familia. Ante la imposibilidad de sostener económicamente el tratamiento y a su familia se encuentra en una encrucijada: o le pide dinero prestado a un matrimonio “amigo” (otros dos químicos con quienes creó una marca, hoy millonaria, pero de la cual lo dejaron fuera), cosa que no desea hacer, o buscar una alternativa concreta que produzca inmediatamente el dinero necesario, línea acumulativa: rencor-orgullo. Un buen hombre, incapaz de dañar, incapaz de ser agresivo, de tomar lo que le pertenece, hombre burlado y atacado, línea acumulativa-moral: tolerar sin chistar. Un escenario propicio, frontera México - Estados Unidos, zona de vecindad, de aduana y por tanto de tránsito y tráfico, de pronta producción y distribución, línea de potencia: transformar lo escondido en producto callejero. Un profesor de química sabedor de los más altos detalles de la mezcla molecular, un joven ex-estudiante sabedor del negocio de la metanfetamina: línea de saber (capítulo 1: Walter White: “You know the business, I know the chemistry”). El laboratorio de un liceo con presupuesto para los materiales necesarios, con acceso para él y el servicio de limpieza y mantenimiento; toma los materiales para instalar el laboratorio clandestino: se culpa al mexicano de limpieza (ex-drogadicto además), línea punitiva-racista: el hombre blanco es inocente.

Se rompe el equilibrio Walter White como se parte el cristal de metanfetamina, se ingresa en una aceleración cardíaca: agenciamiento novedoso. Amanece Heisenberg: físico alemán, creador del principio de incertidumbre, no se puede medir simultáneamente en forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula. Por eso Heisenberg, por eso el desierto es tan protagonista como los hombres. El desierto: espacio sin diagrama, abierto y ancho, profundo y alto. Se puede caminar en derivas infinitas pues no hay plan, ni calles ni señales, se puede enterrar dinero, cadáveres, armas, pues es profundo, no hay programa de cloacas, no hay tubos de gas natural subterráneos, toda pala es tan profunda como se desee, se puede mirar alto, pues la altura ininterrumpida también define al desierto, tirar el humo de la gran producción industrial de metanfetaminas, lanzar el grito y el balazo, pues el aire se los consumirá antes que los oídos lejanos puedan capturarlos. La línea Heisenberg es una línea netamente territorial.

Los acontecimientos Heisenberg se suceden. La plata que ingresa debe gastarse en remediar los problemas que producen, nunca parece ser suficiente. La red invisible del narco se vuelven manos que amenazan, llamados telefónicos, persecuciones, deudas, explicaciones, excusas, un encadenamiento infinito donde cada eslabón resuelto presenta la nueva dificultad. ¿Cuándo terminará esto? ¿Cuándo el pobre de Walter White podrá finalmente librarse de los enemigos (que son malos en serio) y él podrá volver a dedicarse a su familia, asumir su tratamiento, finalmente sanar y ser feliz una vez más?

Pero esos sentimientos son nuestras propias fuerzas, nuestras líneas morales. Creemos comprender, no comprendemos nada. Walter White cree comprender, tampoco lo hace. A través de otros personajes actualizamos esas líneas que también componen a Walter White: Skyler (su esposa) habla: “You’re in danger”, pero le habla a Walter White; responde el acontecimiento Heisenberg: “I am not in danger, I am the danger. I am the one who knocks”.

No hay enunciado de falta, ni siquiera de necesidad, no hay plan Walter White (juntar el dinero necesario, volver a la normalidad), hay una línea de singularidad Heisenberg que desata los acontecimientos del riesgo no como vulnerabilidad sino como potencia: potencia de peligro. Lo que vulnera es la enfermedad que se padece: se cae el pelo, se vomita lo que se come, se quema la piel, se marea el equilibrio, la tos aniquila el lugar de la palabra. El peligro acelera el pie que corre, agudiza la mirada que intimida, fortalece la mano que empuña el arma, volcaniza un cerebro tramposo.

Finalmente mata a su último escollo, ha matado a su último enemigo, tiene el terreno limpio, puede vender la receta, renunciar a Heisenberg y volver a Walter White. La única libertad posible es elegir el acontecimiento, luego somos presos del mismo: tan preso Walter White de sus acontecimientos como Heisenberg de los suyos. Pero en cada instante hay una libertad posible, una elección más. Así llega al desierto, a vender la receta. Puede elegir no estar más en Heisenberg, librarse del peligro, dejar el desierto y volver a casa.

Elige. Nuevamente en el desierto, le exige al narco de turno: “¡¡Say my name, say my name!!”, el narco, sin seguridad sobre lo que el otro quiere escuchar, responde: “You are Heisenberg”, “You’re goddamn right” responde Heisenberg. Elige, elige la muerte elegida. No vive un acontecimiento distinto a todo narco: muere. Pues no se puede elegir una parte del acontecimiento (producir metanfetaminas y seguir enseñando química en el liceo y seguir volviendo a dormir a casa y seguir un tratamiento químico contra el cáncer), se eligen todas sus circunstancias: morir, pero morir de bala y no de tos.

Pero antes de morir queda una acto ético por hacer. Nada tiene que ver la ética con la moral, asume y dice la verdad, la verdad última que elige decir, y elegir es lo que lo convierte en un acto ético: no dice la verdad porque vive en ella, porque no puede no decirla (esta es la moral), dice la verdad porque elige hacerlo. Último capítulo:

Heisenberg: - All the things that I did... // Skyler: - If I have to hear, one more time, that you did this for the family… // Heisenberg: - I did it for me, I liked it. I was good at it and I was really... I was alive.

Finalmente comprendió, vivió el deseo, no la necesidad, murió en el deseo, no en la enfermedad: por eso la última escena no es en un hospital, sino en un laboratorio de producción de metanfetamina. Pero no se elige ser narco y luego se hace el plan de como serlo, se ingresa en un agenciamiento deseante, que luego, finalmente, se puede decir "elegí ser narco".

Walter White no era un narco reprimido, ni un asesino en potencia cuyos deseos estaban reprimidos hasta que se liberaron. No había ninguna fuerza reprimiendo nada. Simplemente el agenciamiento Walter White no tenía nada que ver con desear el desierto, el revólver, el día violento, la frontera mexicana, a Jesse Pickman, tenía sí que ver con Heisenberg, pero como hombre de ciencia, no como concepto, no como molécula imprevisible, no como principio de incertidumbre. Walter White era un agenciamiento de tiza, pizarrón, sillón, barbacoa, esposa, hijos, tos. El deseo produce deseo, no represión. Lo que no existe no es que no exista aún. Simplemente no existe pues no se habita su acontecimiento, no hay agenciamiento que lo produzca.

Heisenberg fue Walter White y el desierto y el revólver y el acelerador y la frontera y la química y la metanfetamina y, y, y... y la fuerza y la rabia y la inteligencia y la seguridad y su gorro absurdo.

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