El Engaño
Trabajo presentado en el “VIII Simposio de Psicología Política”, Goiània, 2014.
“La revolución molecular es portadora de coeficientes de libertades
inasimilables, irrecuperables, por el sistema dominante”
(Guattari, 1995.: 30).
A partir de la “analítica de la gubernamentalidad” de Michel Foucault es que las relaciones de poder pueden ser pensadas como acciones sobre acciones y ya no como una fuerza sobre otra (poder-saber). Distingue así a las relaciones de poder (acciones reversibles, “juegos de libertades”) de los estados de dominación (que implican un ejercicio de la violencia) y define las prácticas como lo que los hombres hacen cuando hablan o actúan, éstas siempre están en acto por lo cual las cosas son objetivaciones de estas prácticas. Son acontecimientos que emergieron en un momento histórico determinado y quedaron inscriptas en un entramado de relaciones de poder. Por tanto, las prácticas, son dependientes de las relaciones históricas en las que emergen y parten de un dispositivo que funciona según una racionalidad. Esta racionalidad es la condición de posibilidad de la acción.
La racionalidad de las prácticas son formas particulares que se dan en contextos histórico específicos y heterogéneos y constituyen tecnologías, medios orientados a alcanzar fines con una dimensión estratégica y una modalidad de operar en el entramado de poder. Las tecnologías refieren el modo en que las prácticas operan en el interior del entramado de poder, la meta es la autorregulación de los individuos, que el gobernado coincida en las metas, deseos y decisiones, con el gobierno.
A partir de la analítica de la gubernamentalidad Foucault da cuenta del modo en que el saber de la economía política define las condiciones de producción y circulación de la verdad sobre el gobierno. Esto le permite afirmar que ya no se interviene sobre el cuerpo, como en el Antiguo Régimen, sino sobre el medio ambiente el cual favorece la autorregulación de la conducta. La psicología toma aquí un papel relevante dada su condición de tecnología de gobierno de la conducta.
Nicolas Rose realiza una historia crítica del surgimiento de la psicología y su proceso de disciplinarización. Plantea que este proceso está intrínsecamente ligado a la psicologización de los espacios y prácticas diversas “en las que la psicología llegó a impregnar, e incluso a dominar, otras maneras de formar, organizar, diseminar e implementar verdades acerca de las personas” (Rose, 1996.: 19)
Desde esta perspectiva la psicología produce que los problemas sociales preexistentes se tornen comprensibles y calculables en términos psicológicos. Las prácticas psicológicas transforman los espacios de estos problemas “simplificando la gama de actividades que realizan las autoridades cuando se ocupan de la conducción de la conducta” (Rose, 1996.:22). La psicología es entonces una tecnología, que puede generar consentimiento y condiciones de aceptabilidad del orden establecido, siendo su lenguaje constitutivo de técnicas intelectuales las cuales clasifican, ordenan y segmentan estableciendo relaciones entre los elementos, haciendo pensable la realidad. Forma parte de la racionalidad práctica, de ensamblamientos al igual que el sistema jurídico, la crianza de los niños, la educación, etc.
Para Rose la persuasión y la violencia son los modos por las cuales un actor logra que se le adjudique autoridad para hablar o actuar en nombre de otro actor. Estas son formas de pensamiento que se expanden y que se presentan como soluciones a problemas que los actores enfrentan. La persuasión, la negociación y la pugna fueron una de las tácticas de traducción utilizadas por la psicología.
Desde esta línea de pensamiento nos es posible pensar la psicología como una tecnología de gubernamentalidad que aporta a la producción de individuos-objetos dóciles y gobernables. ¿Es posible una psicología que aporte a la emergencia de modos de subjetivación singulares en, desde y a pesar de las prácticas y tecnologías de gubernamentalidad?
Como plantea Félix Guattari: “cualquier problema, sea individual o familiar, psicopatológico, caracterológico, psicosexual o esté relacionado con la delincuencia, nos remite siempre a cuestiones micropolíticas, inseparables de la problemática política a más grande escala” (Guattari, 1978.:55). Desde esta perspectiva la micropolítica se presenta como la posibilidad de realización de un análisis molecular “que nos hace pasar de las formaciones de poder hacia los investimentos del deseo” (Guattari, 1986.:220). Esto permitiría escapar, a través de una analítica del discurso en tanto práctica, de los estados de dominación, que sujetan en el nivel de su instauración, retomando la idea de Foucault de promover la emergencia de nuevas formas de subjetividades, rechazando las individualidades impuestas históricamente.
Tomando los estudios de Foucault, Guattari sostiene que las luchas de transformación de la subjetividad se caracterizan por ser transversales, oposicionistas a las categorías de efectos de poder, inmediatas, afirmativas del derecho a la diferencia, críticas a los privilegios del saber e implican un rechazo a las violencias económicas e ideológicas del Estado.
Desde una perspectiva cercana a los planteos expuestos, Maurizio Lazzarato afirma que la creación y la invención son modos actuales de hacer, dan cuenta de la multiplicidad de mundos existentes y nuevos modos de luchar: “Para el militante como para el experimentador… la necesidad de crítica destructiva está al servicio de la necesidad de creación inventiva” (Lazzarato, 2010.:211).
Acontecimiento y creación, procesos moleculares, agenciamientos de deseo, revolución molecular que podría estar asociada a una posible revolución social, dependiendo de la capacidad que tengan los agenciamientos revolucionarios explícitos para articular este tipo de transformaciones con las luchas de interés, políticas y sociales. Las mutaciones de deseo, las luchas por ampliar los espacios de libertad podrán generar transformaciones sociales y económicas a gran escala, dice Guattari.
Siguiendo su planteo, la actitud de los militantes de izquierda se orientan a resolver primero los objetivos políticos antes que introducirse en el plano de la intervención en cuestiones de la vida cotidiana, la escuela, etc. Las corrientes de izquierda están dispuestas a explotar los nuevos movimientos sociales pero sin generar instrumentos de lucha adaptados a esos movimientos moleculares.
“En cuanto se trata de entrar en este universo vago de los deseos, de la vida cotidiana, de as libertades concretas, una extraña sordera y una miopía selectiva aparecen en los portavoces oficiales” (Guattari, 1995.: 31).
Se asimilan las organizaciones a los equipamientos de poder y trabajan de modo que los procesos moleculares entren en conformidad con las estratificaciones globales molares, el CMI se alimenta de este tipo de poder; los sindicatos, los partidos de izquierda y tal vez, hasta los “grupúsculos de extrema izquierda”.
La preocupación pasa a ser la de la confluencia entre las luchas molares y las moleculares a través de métodos diagramáticos (y no pragmáticos, como los usados por los socialdemócratas). Según Guattari, los movimientos obreros y revolucionarios están lejos de comprender la importancia de este debate vinculado a los asuntos de la organización.
“Una transformación de las relaciones sociales en todos los niveles, un “inmenso movimiento de ´hacerse cargo´ de las máquinas tecnológicas por las máquinas deseantes, una revolución molecular correlativa a prácticas analíticas y micropolíticas novedosas permitirá alcanzar un tal ajuste, pero la lucha de las clases oprimidas- el hecho de que ellas estén en riesgo constantemente de acoplarse en relaciones de dominación- pareciera estar ligada a una tal perspectiva. (Guattari, 1995.: 129)
A partir de la asunción de Miterrand al gobierno francés, en 1981, Guattari analiza la capacidad de este gobierno de izquierda de lograr “improvisar una social-democracia emancipada de sus antiguas ilusiones” (Guattari, 1986.: 23). Se plantea tres factores importantes que podrían incidir en este sentido, la capacidad del gobierno socialista de establecer una relación de fuerza internacional favorable, la capacidad del partido socialista de transformarse a si mismo y el desarrollo de nuevas formas de organización social.
Según el autor, la fuerza de Miterrand fue el presentarse como un posible continuador del reformismo francés y al mismo tiempo como un transformador profundo de la sociedad. Esto generó una ambivalencia (“por no decir ambigüedad”) dado que las dos políticas no pueden realizarse en paralelo de modo indefinido, “una verdadera movilización popular será necesaria para crear las condiciones de una forma no reaccionaria de la crisis” (Guattari, 1986.: 26).
Guattari se pregunta sobre la capacidad del Partido Socialista de formalizar tal movilización y volverla eficiente “favoreciendo la eclosión de una transferencia general de los poderes sobre el tejido social de base” (Guattari, 1986.: 26). Pareciera que es (fue) un aparato de “tendencias grupusculares y máquinas hipercentralizadas” y que queda poco capacitado para catalizar “efectivos procesos de democratización, de descentralización y de autogestión”.
Partiendo de las líneas de pensamiento desplegadas por Deleuze y Guattari respecto de las modalidades mayoritarias y minoritarias de unificación y tomando como referencia la analítica de la gubernamentalidad desarrollada por Foucault, Lazzarato plantea la posibilidad de una ontología pluralista que implica en sí “una nueva forma de aprehender la política” describiendo lógicas mayoritarias y minoritarias en modalidades en las que singularidades que se componen y descomponen. Esto implica que la vía por la cual se unifican las cosas son innumerables; hay una multiplicidad de unidades de unificación pero cada vez estas modalidades son más contingentes, empíricas y parciales. Se hacen en forma de red y componen sistemas. Hay una multiplicidad posible de conjunciones y disyunciones de unificación y separación. “Un universo donde la composición debe seguir la cartografía de las singularidades, de los pequeños mundos, de los diferentes grados de unidad que lo animan” (Lazzarato, 2010.: 36).
Para él, la posibilidad de salir de los impases generados por una modalidad única y central de unificación de las multiplicidades existentes es justamente, la multiplicidad.
Analizando las jornadas de Seattle como un “verdadero acontecimiento político” que produjo una “mutación de la subjetividad” toma los avances de Leibniz y Tarde para adentrarse en la idea de lo posible, de “otro mundo es posible”.
Según Lazzarato la jornada de Seattle abrieron un proceso de experimentación y creación en una distribución de los posibles y de los deseos. Experimentar lo que implica la mutación de la subjetividad, a la que alude, implicaría para él la creación de agenciamientos, dispositivos e instituciones que sean capaces de desplegar estas “nuevas posibilidades de vida”.
La efectuación de los posibles, que un acontecimiento hace emerger, implica abrir otro proceso imprevisible, “operar en la reconversión subjetiva a nivel colectivo”. Desde esta perspectiva, el conflicto con lo existente es definido en el punto en que la acción política, a la luz del acontecimiento, se confronta con una doble creación: la de un posible y su efectuación. Lo posible implica la emergencia de una discontinuidad en la experiencia y la construcción, a partir de la mutación sensible que el encuentro con el otro ha generado, un nuevo agenciamiento.
“Consumar, actualizar los posibles que uno ve expresarse como potencialidades en el encuentro con el otro, significa explicar lo que implican los mundos posibles, las nuevas posibilidades de vida, desarrollar lo que encierran” (Lazzarato, 2010.: 49).
La acción política es una creación que trabaja para la consumación de los posibles en las instituciones, en los agenciamientos colectivos de la “nueva subjetividad” que se expresa en ese acontecimiento. La consumación de los posibles es un proceso “imprevisible, abierto y arriesgado”. La forma tradicional de resistencia debe abrirse a un proceso de creación y transformación de la situación, de participación activa en el proceso.
El acontecimiento crea mundos posibles que se expresan en los agenciamientos de enunciación y se efectúan en el cuerpo. Este mundo posible actúa transformando las maneras de sentir, las modalidades de ser afectado y afectar. Procesos de subjetivación singularizantes que componen nuevas potencias de acción, de transformación, de creación. Crear y efectuar mundos es actuar sobre los afectos. Un mundo no depende de una esencia sino de un acontecimiento. La condición de existencia de la multiplicidad es la coexistencia de mundos incomponibles.
Es así que la constitución del sujeto político solo puede desarrollarse como proliferación de los mundos posibles que “huyen del mundo común y compartido en el fundamento de la política occidental”. Los movimientos postsocialistas luchan por la igualdad pero como condición de una política de la diferencia. El rechazo aparece como primer plano de la lucha pero se despliega en un segundo plano y al mismo tiempo, la resistencia y la invención.
Siguiendo el pensamiento del autor, el acontecimiento de la lucha contra el protocolo hizo posible la coordinación la, que es una cartografía de singularidades compuestas de iniciativas y comisiones que se hacen y deshacen con velocidades diferentes. Lo problemático caracteriza la organización de la coordinación, la constitución de la multiplicidad es polémica y conflictivo. La coordinación funciona como una red distributiva donde los métodos de organización son diferentes y coexisten y se agencian. Actúa transversalmente en las divisiones instituidas por la política tradicional y pone en cuestión las dimensiones institucionales. Aunque se rechazan las diferencias impuestas por el poder se componen diferencias entre singularidades.
Movimientos minoritarios, revoluciones moleculares, acontecimientos, discurren en los “entres” generados por las segmentaridades, las instituciones, los dispositivos y las prácticas, por entre las formas diversas de militancia, produciendo singularidades, creaciones, formas de resistencia a los modos de subjetividad, de individuación capitalística caracterizada por la tristeza espinozeana y la soledad, por una aniquilación de un entramado de afectaciones colectivas, potenciadoras de la acción, la creación de otros mundos posibles.
El engaño del capitalismo actual es hacernos creer que no podemos hacer nada con lo que está aconteciendo, dijo Guattari durante “los años de invierno”. Hay algo que el capitalismo actual no está pudiendo registrar-capturar ahora; los múltiples, infinitos, diversos, agenciamientos colectivos de enunciación, a nivel planetario, que se están componiendo y multiplicando, como si fueran un virus y que son deseo. Modos de lucha sin dirigentes, descentralizados, articuladores con lo global, inspirados en ideas de un mundo nuevo, solidaridad internacionalista, organización autónoma, horizontal y creativa, no militante. Desde “Mayo del 98`” (primeras acciones de AGP en el marco de la reunión G-8- en Inglaterra) a la fecha, asistimos a la emergencia de acontecimientos políticos, no representables, que se ejercen como acción directa, otros modos de vida que escapan al control biopolítico y que producen mundos, otros, cada vez. Otros mundos posibles. Está aconteciendo.
Procesos de singularización, devenires, que desmontan subjetivos provocados por múltiples dispositivos técnicos de gubernamentalidad, como son también los dispositivos de una psicología que insiste en reinar sobre un inconciente familiaristico burgués, disciplinado y obediente, construido por la culpa y el miedo, por la obediencia.
Referencias bibliográficas:
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